Contacto

POR LA INTEGRACIÓN Y LA UNIDAD DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE

          

AVISOS

 

 

NOTICIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La COPPPAL celebra los 20 años de su fundación. En aquel entonces la situación del Continente latinoamericano y caribeño presentaba un escenario cargado de preocupaciones y de conflictos. El mundo vivía los tiempos de la guerra fría, el holocausto nuclear era una posibilidad aterradora, el Continente estaba gobernado por dictaduras militares y la democracia subsistía en muy pocas de nuestras naciones; los conflictos limítrofes amenazaban con guerras fratricidas y la integración económica del Continente aparecía como una utopía mientras la pobreza y la marginación social hacían estragos en los sectores más débiles de la sociedad.

Veinte años después la democracia es un valor indiscutido en la vida política del continente. Las dictaduras militares son sólo un oprobioso recuerdo. Se ha superado por la vía de la negociación política los conflictos armados que vivieron varios países centroamericanos. Los conflictos limítrofes han sido solucionados casi totalmente por vía del diálogo y el consenso. La integración económica entre nuestras naciones ha avanzado a límites inimaginables entonces. El crecimiento económico de la región –aunque no se ha reflejado en una justa distribución de la riqueza- ha sido considerable, interrumpiendo la década perdida de los años ochenta.

En todo este proceso los partidos políticos de América Latina cumplieron un rol fundamental, ellos –junto a sus pueblos- fueron los que vencieron, con la intrepidez y heroísmo de muchos de sus dirigentes a los regímenes autoritarios y dictatoriales y fueron los instrumentos de la renacida libertad y libre ejercicio de la voluntad popular. Sin embargo, de cara al nuevo milenio, aún quedan por lograrse los necesarios progresos frente a viejos problemas tales como la superación de la pobreza y marginalidad; la continuada presencia del colonialismo en sus diversas formas, frente al cual nos comprometemos a luchar hasta su pronta y permanente liquidación.

Pero aquellos problemas de hace veinte años han sido sustituidos por otros que también reclaman el rol de los partidos políticos.

Al iniciarse el siglo veintiuno América Latina y el Caribe deben definir el lugar que habrán de ocupar en el nuevo orden mundial como región que está integrada por sus raíces comunes, los intercambios comerciales y financieros y la cooperación solidaria.

América Latina y El Caribe, por su importancia demográfica, por sus recursos naturales, por su ubicación geográfica, por su diversidad cultural, tiene todo el potencial estratégico, geopolítico y geoeconómico para jugar un papel decisivo en la construcción del mundo del nuevo milenio. Pero este rol sólo lo jugará si logra el desarrollo de sus democracias y si es capaz de erradicar la pobreza, la marginación y la corrupción en sus clases dirigentes.

En su XXII Reunión Plenaria, celebrada en la ciudad de Oaxaca, México, la COPPPAL (Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe), alentada por el proceso de su propia reforma, convoca a los ciudadanos, a sus gobiernos y congresos, a los partidos políticos, a los medios y a la opinión pública, a impulsar un nuevo compromiso latinoamericano que, sustentado en una voluntad política inquebrantable y en la aplicación de los instrumentos idóneos, nos permita dar pasos definitivos para alcanzar los propósitos compartidos.

Ante la globalización: una Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones.

La globalización es, al inicio de un nuevo siglo, el punto de referencia obligado de nuestros países y si queremos incidir en ella hemos de hacer concurrir la energía de nuestras sociedades, sus potencialidades económicas y acciones políticas deliberadas a nivel regional.

La globalización es una amenaza para nuestras naciones, pero también una oportunidad. La hegemonía científico tecnológica y militar de los Estados Unidos, los flujos financieros del capital especulativo, el régimen de subsidios imperante en las naciones más desarrolladas, las barreras arancelarias y no arancelarias que traban el desarrollo de nuestras economías, son factores que afectan negativamente la impostergable construcción de un nuevo orden mundial, político y económico, más equitativo y justo y la gobernabilidad democrática de nuestras naciones. Merece especial atención el avance registrado en el ámbito de la lucha por los derechos humanos, la internacionalización del fuero sobre delitos de lesa humanidad.

A ese efecto, resulta impostergable la lucha por la democratización de los organismos del sistema internacional, y el fortalecimiento del multilateralismo que rige las relaciones entre los Estados y los pueblos. Interesa especialmente la reforma de la Organización de las Naciones Unidas y del sistema financiero internacional, presentando una agenda común que atienda los problemas del movimiento de capitales especulativos, de la estabilidad de las monedas, de la asimetría de los mecanismos de ajuste ante desequilibrios de desarrollo.

Por otra parte, es altamente preocupante el problema de la deuda externa de nuestros países: ante el advenimiento del nuevo milenio, sumamos nuestra voz a la exigencia cada vez más amplia de la condonación de la misma en el caso de los países más pobres, teniendo en cuenta que es impagable y que sus servicios únicamente contribuyen al mayor empobrecimiento de nuestros pueblos absorbiendo una enorme proporción de los ingresos nacionales.

Vivimos en un mundo cada vez más complejo e interdependiente, por lo que estamos impelidos a desarrollar todas nuestras capacidades, para hacer frente a la competencia internacional, la especialización de los mercados, el desarrollo de nuevas tecnologías y las redes sofisticadas del intercambio financiero.

Los bloques económicos de América del Norte, la Unión Europea y Asía-Pacífico, nos ubican ante una realidad que podemos convertir en oportunidades: hay que acelerar los mecanismos de integración que nos permitan forjar mercados regionales competitivos, en condiciones que favorezcan los intereses de nuestros países y contribuyan a elevar las condiciones de vida de todos nuestros compatriotas.

La integración, hasta llegar a una Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones, ha avanzado pero queda mucho por hacer. Debemos pasar de la integración comercial a fórmulas más logradas de coordinación de políticas económicas, de tratamiento de inversiones, y sobre todo de integraciones políticas, sociales y culturales, que nos permitan actuar mancomunadamente en el escenario global.

Los partidos integrantes de la COPPPAL consideramos que es necesario establecer una agenda de acciones sobre los pasos sucesivos de una unidad continental, viva, actuante y diferenciada. Por ello, proponemos lo siguiente:

Debemos diseñar una nueva institucionalidad para la región que sea propiamente latinoamericana y caribeña. Y no partimos de cero: el Grupo de Río, los acuerdos económicos subregionales (MERCOSUR, Comunidad Andina, el Grupo de los Tres, el SIECA y el CARICOM) conforman una plataforma de la nueva institucionalidad a integrar, que emerge en los noventa en reemplazo de la heredada de la Guerra Fría.

La región, entonces, estaría en condiciones de participar, con Estados Unidos, en las negociaciones relativas al Mercado Común Americano, teniendo en cuenta que los pueblos latinoamericanos y caribeños no admitimos un modelo económico que provoque mayor desigualdad y pobreza. Queremos una economía continental que sustente la equidad social y la generación de oportunidades para todos. Vamos a proteger nuestros recursos y áreas estratégicas porque ellas fincan la garantía de futuro para las próximas generaciones. Hemos de convertir las fronteras en espacios de trabajo y colaboración, en la perspectiva de la integración regional.

Defender la soberanía.

Ante las nuevas amenazas, hemos de preservar y fortalecer la soberanía de las naciones latinoamericanas que parte de los propios pueblos y se instituye en su propio beneficio, al igual que la cultura, los valores y la independencia para autodeterminarse, sin desconocer las exigencias de la integración regional.

Rechazamos los intentos de transgresión al orden internacional, mediante acciones de intervención extraterritoriales condenables por su improcedencia legal y moral.

Es inaceptable que la tendencia hacia una mayor unidad de las naciones se vea empañada por acciones que pretenden el aislamiento de algún país, con el pretexto de su democratización y, aún más grave, por la propensión a aplicar leyes con carácter extraterritorial que atentan en contra del comercio, la dignidad de las naciones y el derecho internacional establecido.

Una visión integral de la migración.

Ante la globalidad, en América Central y en todo el Continente, el fenómeno de la migración reclama una visión integral que oriente los pasos sucesivos que han de dar nuestros países, para que estén a salvo los derechos y la dignidad de todos aquellos que buscan mejores oportunidades, más allá de las fronteras del territorio en que nacieron.

Condenamos las agresiones de que son objeto nuestros nacionales que se dirigen a otros países en busca de empleo y mejores perspectivas.

Han de promoverse acuerdos inmediatos en la zona, con el fin de regular la migración de manera constructiva y con el pleno respeto a los derechos humanos.

Responsabilidad colectiva en la lucha contra la delincuencia organizada.

La lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y otros delitos transnacionales debe sustentarse en un criterio de corresponsabilidad basado en la búsqueda de nuevas formas de cooperación bilateral y multilateral, fundadas en los principios de respeto a la soberanía nacional y orientadas a crear los instrumentos eficaces que contribuyan a enfrentar con éxito esos grandes desafíos.

Por otra parte, mientras no haya desarrollo económico y social con equidad, habrá inseguridad ciudadana, lo que ocasiona que se endurezcan los reclamos de la ciudadanía que favorecen el autoritarismo.

La suma de estos elementos se traduce en un peligro evidente para la democracia.

El envejecimiento de la población: un problema emergente

El acelerado envejecimiento de la población mundial ha colocado a la tercera edad como un nuevo problema en la agenda global. Actualmente, cerca del 10% de los ciudadanos de nuestros países se encuentra en el rango etáreo del adulto mayor. Se calcula que para el año 2005 dicha cifra se duplicará.

Los partidos políticos de la COPPPAL consideran indispensable abordar el tema de la ancianidad desde la amplia perspectiva de una mejor calidad de vida posible y no sólo de una asistencia en salud. Para ello, es necesario considerar a este grupo humano con las potencialidades que le da su larga experiencia y el interés por abordar nuevas áreas de conocimiento. Por tanto, sugerimos una nueva mirada que considere al adulto mayor como un segmento de la población con aportes específicos y no sólo como receptor de una acción benéfica del resto de la sociedad.

Impulsar la comunicación interparlamentaria.

La comunicación interparlamentaria tiene un papel primordial que jugar frente al proyecto de la comunidad de naciones de América Latina y el Caribe.

La comunicación entre congresos y parlamentos está muy lejos de seguir el ritmo de nuestras relaciones comerciales y de cooperación.

Es el momento de alentar las relaciones interparlamentarias regionales, con el propósito de alcanzar importantes objetivos comunes y preservar posiciones conjuntas ante los diversos asuntos internacionales, así como en los foros multilaterales.

Una voluntad renovada de los gobiernos.

La COPPPAL considera que, la evolución del continente demanda gobernar con visiones de apertura, a fin de compartir oportunidades iguales y equitativas para mujeres y hombres.

Nuestros gobiernos, sea cual sea el partido que los haya impulsado, deben actuar con una gran convicción en torno al propósito de poner en pie la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones.

Es urgente que se conviertan en promotores de instrumentos normativos que favorezcan intercambios económicos más intensos y un marco de cooperación de mayor eficacia entre nuestros países.

Han de adoptar posiciones comunes frente a los temas regionales y en los organismos multilaterales.

Es conveniente que fomenten legislaciones coincidentes relativas a los asuntos referidos al área, como la migración, la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el trasiego de armas.

Tenemos la convicción de que, la tarea de gobierno es inseparable de la reflexión sobre los problemas inéditos que la regionalización hace surgir en torno a la democracia, la gobernabilidad y la soberanía.

Un nuevo equilibrio entre Estado, mercado y sociedad

Los partidos políticos miembros de la COPPPAL, postulamos la necesidad de un Estado que pueda conciliar armónicamente los propósitos de democracia, equidad social e igualdad de oportunidades con mercados eficientes, competitivos y legítimos que protejan a la sociedad del poder de los monopolios y las transnacionales. Aspiramos a un Estado descentralizado, pero con la fuerza y la ductilidad necesarias para imponer medidas de control, de supervisión, de regulación a la acción empresarial privada, que resguarden el interés de la nación y promueva su desarrollo.

Rechazamos la idea de que el mercado, por sí solo, es suficiente para garantizar una distribución justa de los ingresos y de la riqueza. Por ello, no estamos de acuerdo con el Estado mínimo que propone el neoliberalismo, puesto que le corresponde el ineludible rol de garantizar la salud, la educación, la seguridad y el empleo para todos. Para ello, el Estado debe adoptar políticas fiscales progresistas, regular los servicios públicos, controlar los flujos de capitales, alentar el desarrollo de la pequeña y mediana empresa y el uso sostenible de los recursos naturales. Todo en función del desarrollo humano, la defensa de la naturaleza, la independencia nacional y la integración regional.

La sociedad tiene el derecho y la responsabilidad de participar en el diseño de sus opciones de desarrollo, en la instrumentación de las mismas, en el control y la regulación de los mecanismos institucionales que las rigen, ejerciendo la titularidad de la iniciativa y la acción en que se origina su mandato sobre el Estado y la naturaleza del mercado de sus necesidades y demandas.

Consolidar la democracia plena.

En estos últimos veinte años, los partidos políticos de América Latina y el Caribe, han hecho una importante contribución a la conquista de procesos democráticos, y para llevar a cabo las reformas exigidas por nuestras sociedades. Sin embargo, aún existen matices importantes en el grado de profundización y consolidación de los mismos que obligan a afrontar nuevos desafíos.

Debemos construir una democracia que preserve la estabilidad política y garantice la justicia, elimine la exclusión social, dirima pacíficamente los conflictos. En este sentido, hemos de garantizar la equidad entre mujeres y hombres, y la no discriminación contra ellas en forma alguna, como condición indispensable para lograr tal democracia. Una democracia con elecciones competitivas, que incorpore los mecanismos participativos de la consulta popular y el referéndum, sin desvirtuar las características esenciales de la democracia representativa.

La imposibilidad de concretar programas políticos coherentes y el enorme condicionamiento proveniente de los organismos internacionales han ido socavando la credibilidad y la confianza ciudadana en la institucionalidad democrática. Este fenómeno ha llevado en muchos casos al surgimiento de nuevos actores a través de los cuales, la sociedad ha buscado expresarse y canalizar sus demandas hacia el sistema político. Así como debemos reafirmar el rol insustituible de los partidos políticos, debemos estar en la capacidad de asimilar constructivamente el aporte proveniente de estos nuevos actores sociales en la construcción y perfeccionamiento de nuestras democracias.

Sin embargo, un factor que obstaculiza la plenitud de la democracia en América Latina y el Caribe es el cuestionamiento cada vez más acentuado de los partidos políticos, de sus dirigencias y aún de la política como actividad humana proveniente fundamentalmente de las vertientes antidemocráticas de la sociedad, privadas ahora de sus antiguos privilegios, y de la manipulación que hacen del tema viejos y nuevos factores de poder.

Pero también existe una fuerte dosis de responsabilidad que recae en los propios dirigentes y partidos políticos. Se hace necesaria una reforma política integral y profunda, que comience por revalorizar las relaciones entre la ética y la política e incluya una fuerte lucha contra la corrupción en todos sus frentes. Se hace necesario democratizar la propia vida interna de los partidos políticos, controlar el uso de sus recursos, sus relaciones con los factores de poder económico. Nuestros partidos políticos deben ser un factor renovador de la vida social y recuperar un espíritu de servicio. De igual manera, deben garantizar la transparencia, apertura y honradez moral e intelectual de sus estructuras.

No menos importante es el rol que debemos exigir a los medios de comunicación de masas. Su creciente concentración en pocas manos constituye un verdadero riesgo para la construcción de una cultura democrática y un peligro objetivo de distorsión de los intereses generales de la sociedad frente al sistema institucional.

Saludo a los pueblos latinoamericanos y caribeños

La COPPPAL desde su pluralidad y en su posición a favor de la integración latinoamericana y caribeña, saluda a los pueblos de la región. Avanzamos hacia un nuevo milenio con la certidumbre de que sabemos muy bien el destino que queremos para nosotros y las generaciones futuras, preservando en todo momento la identidad de cada una de nuestras naciones y su carácter de Estados soberanos.

Es momento de poner todos manos a la obra en la edificación de la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones.

El nuevo compromiso de la COPPPAL.

Los partidos que hacemos parte de la COPPPAL ratificamos nuestro compromiso de construir una Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones, pensando unidos el futuro para enfrentarlo mediante acciones conjuntas y alcanzar los fines en que coincidimos.

Los principios de solidaridad, autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza y del uso de la fuerza; la igualdad jurídica de los Estados y el respeto al derecho internacional; la iniciativa conjunta para un desarrollo sostenible en la región y la lucha por la paz y la seguridad, constituye un conjunto normativo con el que la COPPPAL reafirma su compromiso ético, social y político para encauzar sus luchas cotidianas en favor de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Oaxaca, 12 de octubre de 1999