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COMISIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL REPORTE COPPPAL 2001 Prospectiva de América Latina y el Caribe Versión Preliminar Hace menos de un cuarto de siglo, cuando la COPPPAL se fundó, América Latina y el Caribe era una región cuyo sentido histórico se cuestionaba, tanto por la crisis del sistema político construido y la instalación en la mayoría de nuestros países de regímenes militares inspirados en la doctrina de la seguridad nacional con el apoyo de la política que Estados Unidos proponía para América Latina, como por su iniquidad social y el agotamiento de sus modelos de desarrollo económico básicamente impulsado por la propuesta de la CEPAL. En estos tiempos, parece que la primera condición se ha superado en cierta medida; subsiste sin embargo, como el mayor problema, el de la solución a la demanda social por una mejor distribución de la riqueza y un desarrollo social equitativo, que tenga como sustento un desarrollo económico con capacidad de crecer y direccionar su economía en el marco de un mundo interdependiente. La crisis de la deuda agravó aun más la precaria situación de las economías del continente. Por otra parte, a partir de los que se ha llamado el consenso de Washington liderado en su época por Ronald Reagan y Margaret Thatcher y el apoyo del Grupo de los Siete, se impulsó a escala planetaria un modelo neoliberal. Los organismos internacionales -FMI, BM, OMC, BID, entre otros-son los ejecutores de esas políticas que, con mas o menos regularidad, se implantan en muchas partes del mundo y en casi toda América Latina. La diversidad cultural y el mosaico de Estados-Nación caracteriza a la región. Economías con incidencia mundial limitada coexisten en la región con aquellas pequeñas en magnitud. El siempre recordado postulado bolivariano de la integración latinoamericana y caribeña ahora está sujeto a revisión ante la presión de un fenómeno llamado globalización. Este proceso, si bien podría implicar una serie de beneficios en materia de comunicación, difusión del conocimiento y protección al medio ambiente y desarrollo tecnológico, entre otros, en su versión neoliberal obliga a una competencia entre naciones por el ahorro externo de los países más industrializados y por parcelas de mercado lidereado por las empresas transnacionales, competencia inspirada en la tesis de la ventaja competitiva y comparativa y sujeta a consideraciones cuya mejor expresión se sintetizaría en aquel concepto de "capitalismo salvaje". Al interior de las naciones de la región subsisten los añejos y complejos problemas sociales derivados de esos otros problemas de desintegración y exclusión social que tanto nos han afectado. De manera destacada, los conflictos sociales que tienen como origen las demandas de los pueblos indios de la región y la tenencia de la tierra en general, son reflejo fiel de lo mucho que tiene todavía que lograrse para que la convivencia pacífica tome su curso. Existen en la región situaciones que rayan en la denominación de guerra civil, signo inequívoco de tensión política y social. Diversos procesos complejos han venido caracterizando la región. De manera definitiva, la urbanización acelerada y desordenada es una constante. Las megalópolis y la pulverización demográfica rural, reflejan una estructura regional informe, donde coexisten múltiples demandas sociales. La estructura y el crecimiento demográfico en sí han tenido transformaciones considerables. Una vez más, coexisten los extremos, con tasas de crecimiento en zonas rurales sumamente altas, donde precisamente viven quienes menos tienen, con zonas urbanas y de latos ingresos que prácticamente no se reproducen. Pronto observaremos una polarización mayor. La aplicación de acciones neoliberales en nuestros países ha debilitado enormemente a los Estados Nacionales, no sólo en lo institucional, sino además en la capacidad política para instrumentar acciones de interés para las grandes mayorías, dejando al mercado como el agente determinante para resolver conflictos. Nuestros Estados Nacionales, individualmente, no tienen ninguna capacidad de incidencia o de tomar decisiones autónomas frente a las grandes decisiones política y económicas definidas por la globalización. En su conjunto, la satisfacción de las necesidades sociales básicas: educación, salud y vivienda, se encuentra en un futuro distante. La debilidad financiera de los Estados Nacionales, las condiciones de desempleo, subempleo, informalidad y otros elementos negativos de la estructura económica además de la presión demográfica mencionada, hacen ver un panorama poco alentador para los millones de latinoamericanos y caribeños que están en condiciones de vida deplorables. El elemento fundamental, la educación, es uno de los grandes problemas de la región; para muchos el gran obstáculo del desarrollo. Millones de analfabetas enfrentan a un mundo complejo con presiones ocasionadas por políticas que premian el conocimiento sofisticado y ocasionan expulsiones masivas del mercado laboral. El crecimiento económico de los Estados nacionales tiene como referentes la competitividad sustentada en la inversión en el capital más que en el trabajo. La inversión extranjera y aún la nacional, busca el trabajo barato para calificarlo mínimamente y así maximizar su potencialidad de ganancia; tiene frente a sí una abundancia de mano de obra que les permite comprar barato lo que en sus países es caro, para vender los productos a los precios de sus mercados, incluso requiriendo de ventajas fiscales como supuestos exportadores nacionales. Las políticas salariales se subordinan a las necesidades de importación de ahorro e inversión externa y a los equilibrios macroeconómicos que, si bien son deseables y convenientes, siempre las variables de ajuste son las condiciones de vida de la mayoría de la población. De manera especial, la brecha educativa entre hombres y mujeres, a desventaja de las últimas, se agranda y contribuye sustancialmente a una mayor iniquidad en términos de género. Los educadores se encuentran mal pagados y a su vez con escasa capacitación y equipo para educar de acuerdo a prácticas avanzadas. El círculo vicioso que por siglos ha padecido la región parece ahora en vías de consolidación. El panorama en materia de salud es igualmente sombrío. Los recursos que se requieren para las inversiones en hospitales y en programas preventivos rebasan por mucho la disponibilidad de los Estados nacionales. Ante ello, se agravan las desventajas con que inician su vida millones de niños y niñas. Similar que en materia, pero quizás con condiciones mas acentuadas, las mujeres sufren los problemas de la insalubridad y falta de políticas de salud especialmente dirigidas a sus problemas de salud. En circunstancias similares y adicionado un abandono familiar creciente se encuentran los ancianos. Si para la educación y la salud los Estado nacionales no tienen los recursos suficientes, mucho menos los tiene para la vivienda y el equipamiento urbano. Servicios tan elementales como el agua potable presentan todavía déficits considerables con relación a la población objetivo. En su conjunto los hacinamientos urbanos adolecen de carencias crónicas, que perpetúan el conjunto de enfermedades endémicas propias de esas condiciones. Del hacinamiento urbano surge también el hacinamiento habitacional, con los múltiples problemas que ocasiona en la familia. La tenencia de la tierra urbana está lejos de resolverse, permitiendo que los especuladores prevalezcan. Las instituciones públicas, con mecanismo obsoletos de promoción, son insuficientes en grado extremo. Este panorama desolador es, infortanadamente, realista. Los avances que se han tenido han sido relativamente poco significativos en cada ámbito. Ante este panorama, se argumenta que la democratización de las naciones de la región nos debe hacer creer que es viable un futuro mejor. Sin embargo, si bien la democracia es una condición que se presume necesaria para el desarrollo de los pueblos, no es suficiente. Son los obstáculos que presenta un sistema económico cuya característica distintiva es la creciente iniquidad, lo que a final de cuentas presiona a los propios procesos de apertura política. Incluso, la iniquidad social y el desarrollo desigual cuestionan y presionan a la democracia representativa, al no permitir que la toma de decisiones sobre políticas públicas sea socialmente compartida. Los propios partidos políticos no encuentran los conductos para ser catalizadores de las demandas populares. La lógica de los mercados se impone sobre las estructuras representativas del Estado. Ahora se habla de "golpes de mercado" en lugar de "golpes de Estado"; y la "bussiness politics" es la consecuencia lógica de la "real politik". En este mismo plano, el papel de los medios de comunicación también juega a desacreditar a la democracia. Crea apetencias y genera realidades que, a menudo, involucran una actitud negativa hacia las instituciones democráticas, con lo cual los medios de comunicación se han transformado, esencialmente, en un mecanismo generador de poder político. Es comúnmente aceptado que el sistema de mercado o capitalismo en su mas pura expresión tienen consecuencias sociales negativas considerables. Baste solo mencionar el hecho de que los países mas industrializados han crecido sustancialmente sin generar los empleos suficientes. De no ser por los mecanismos de transferencia de los seguros de desempleo, las crisis sociales en estos países serian constantes. Es a través de esos mecanismos de transferencia que se logra sostener el proceso de crecimiento y de la demanda agregada. Como es sabido, para que los sistemas de los países mas industrializados se sostengan, requieren de mantener unos términos de intercambio con los países menos industrializados que les favorezcan, de tal manera que se consolide su patrón de acumulación. De ahí que la estabilidad de los países como los nuestros no tenga estos mecanismos de seguridad para su crecimiento sostenido en un sistema de mercado. Ni los gobiernos tienen los recursos para sostener políticas como el seguro de desempleo, ni tenemos un contexto favorable a nivel internacional para que importemos con ventaja para nosotros la cantidad de ahorro externo que requerimos; mucho menos tenemos las condiciones tecnológicas o de propiedad intelectual para hacer que nos favorezcan los términos de intercambio. Más aún, el propio contexto político y económico de debilidad por parte de los países menos industrializados, hace imposible cuestionar al sistema de mercado e, infortunadamente, aparece también imposible encontrar la salida a las consecuencias negativas que acarrea. Como en otros tiempos, nos encontramos en la necesidad de encontrar soluciones prácticas a los problemas que enfrentamos y también buscar la construcción de nuevos paradigmas conceptuales que nos permitan prever un mejor futuro, a través de cambios estructurales consistentes con un propósito social. Por tanto, en lo que buscamos desarrollar estos nuevos paradigmas, todo aparenta que el sentido de la prospectiva para poder tener mejores condiciones de vida esta en el mejor aprovechamiento de los que tenemos, además de poder generar nuevos instrumentos para atacar la problemática social. Académicos y estudiosos señalan que la región es un conjunto de mercados imperfectos que, salvo el caso de los países más grandes de la región, no presentan la escala suficiente para ser competitivos globalmente. De hecho, en la mayoría de los análisis, América Latina tiene viabilidad bajo un mejor manejo de las economías de escala. Este es un planteamiento equivalente al sueño bolivariano, es decir, la palabra mágica: integración. Debemos retomar el sentido político de la palabra integración, con todas las dificultades que ello implica. Basta contemplar la experiencia europea, sin pretender emularla, para que tome sentido la propuesta. Los esfuerzos de integración que están en marcha, aún y cuando podrían ser cuestinados porque representan efectivamente mecanismos incipientes e inestables de integración, ya son una experiencia significativa. Para el caso de la región latinoamericana, las propuestas futuras son todavía poco claras. Desde la propuesta de extender el Tratado de América del Norte a todo el Continente, hasta el sentido de tres bloques mayores (América del Norte y Centroamérica, la Región Andina y el Mercosur, que no considera al Caribe), hasta la recomposición de los mercados en función de una estrategia latinoamericana y caribeña por sectores. Es claro que ninguno de estos planteamientos reúne un mínimo de condiciones de consenso y, caso a caso, provoca serios cuestionamientos e incluso posiciones de conflicto. En cada país podemos encontrar oposición seria a los esfuerzos de integración que consideren a los países más industrializados (como el caso de México con el TLCAN). Las condiciones que impone el proceso de globalización desde la perspectiva neoliberal, implica poner a competir a los países, más que integrarlos; reduce estos procesos a perspectivas economicistas funcionales a los procesos de concentración y centralización de capitales, dirigidos por las empresas transnacionales que agravarán las consecuencias sociales anteriormente descritas. Es conveniente reseñar que las posiciones enfrentadas ante la globalización -globalofílicos y globalofóbicos- sólo vienen a sustituir otras formas dicotómicas de posiciones irreductibles. En suma, el conjunto de condiciones de la región representan todavía retos mayores y generacionales para darle viabilidad y permanencia a un proyecto socialmente justo. La estabilidad política ha pasado de estructuras dictatoriales a problemas internos acentuados por la desigualdad; el contexto internacional promueve aún más esa desigualdad; los Estados Nacionales adolecen de una debilidad y vulnerabilidad financiera e institucional creciente que los limita para atender la demanda social y, además, el conjunto de las estructuras económicas nacionales son todavía ineficientes en sí mismas y requieren de una mayor consolidación para ser competitivas. De la definición de los problemas se desprenden los retos y las posibilidades de acción. Sin embargo, es claro que la necesidad de nuevos paradigmas en los múltiples temas se vuelve el elemento clave, especialmente el que nos propongamos retomar el concepto de integración que debe corresponder a la región latinoamericana y caribeña en este nuevo siglo. No es posible seguir igual puesto que significa, inequívocamente, un camino seguro hacia la inestabilidad en todos sus órdenes. El replanteamiento de las formas de asociación de los países para presionar y lograr reestructurar los flujos de recursos hacia la solución real de los problemas aparece también como elemento fundamental. Sin la fuerza y voluntad política conjunta, las tendencias negativas continuarán irremediablemente. El énfasis en generar una nueva viabilidad financiera de los Estados Nacionales es también condición indispensable. No es posible sostener el principio de minimizar a los Estados, cuando su presencia es requerida para darle sentido social al desarrollo. De hecho, es necesario destacar que la viabilidad misma del sistema de mercado requiere de Estados Nacionales fuertes, que permitan generar las condiciones para que los propios mercados se fortalezcan y sean regulados de manera eficiente. Por su parte, el sector privado debe tomar un papel más comprometido con los retos sociales, ya no sólo por un compromiso ético, sino también en razón de que está en juego su capacidad de crecimiento. Una mayor polarización en la distribución del ingreso significa una reducción de la demanda y por tanto un límite efectivo a la expansión de los mercados. Incluso, los países más industrializados así lo deben entender. Por ello, la COPPPAL tenemos plena conciencia de que deberemos retomar el concepto de integración como un elemento catalizador para lograr mejores condiciones sociales en nuestros países. Nuestra propuesta es que deberemos establecer con claridad las bases de un paradigma integracionista ante un mundo globalizado. Si debemos avanzar en definir en qué podemos ser competitivos hacia el exterior y en qué debemos complementarnos para competir en esos mercados. Como partidos políticos, demandaremos que los organismos regionales existentes retomen su papel para coadyuvar en esta labor y que o estén solamente siguiendo pautas típicamente globalizantes en beneficio de los mercados mundiales. Nos proponemos desarrollar un esfuerzo sistemático para dilucidar este nuevo paradigma, acorde con nuestra historia y firmemente sustentado en un análisis realista de nuestras ventajas comparativas y competitivas. A este tema abocaremos el próximo reporte. Con ello, la COPPPPAL contribuirá al debate público de una manera propositiva y constructiva. Si bien el panorama no es alentador. Es necesario aceptarlo como tal, para comprender la magnitud de los retos. Como Partidos Políticos responsables, deberemos asumir, nuevamente, el compromiso de conjugar esfuerzos, llamar la atención social y diseñar soluciones viables. Este cambio de actitud debe consolidar la fuerza de los principios que nos han sostenido.
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